Nos encontramos dentro de las venas que tengo en los brazos y se asoman curiosas la mayoría del tiempo. Nos encontramos en un sillón, mirando la estática en el televisor y mirándonos las manos sudorosas, hace calor, un calor de mierda. Nos encontramos en mi pieza y desde el comedor un murmullo como de debajo del agua se cola por las rendijas de la puerta y me pongo audífonos -all is full of love, never mind i'll find someone like you, jamás he dejado de ser tuyo, como yo te amo-
en acto de egoísmo y enajenación de la vida familiar; porque últimamente mi mamá me saca de quicio casi todos los días, su nido se está quedando vacío.
Pienso, nos encontramos en la carretera a un costado de un pueblo, nublado, pozas, zapatillas de astronauta, cámaras, el cumpleaños de tu abuelo. Decíamos tanto en papeles, gestos, viajes. Pienso, nos encontramos en mi pieza, tú durmiendo en un colchón al lado del mío y en acto de rebeldía y estupidez adolescente me acostaba contigo y terminábamos haciéndolo. Pienso y me duele la cabeza. Había olvidado lo mucho que me gusta mirar los cerros, y comparar el sotavento con el barlovento, mirar el río abajo, las rocas que en cualquier momento caen a la carretera. Las aves que en la ciudad no hay, las personas que en la ciudad no hay y el verde que en la ciudad no hay. Había olvidado que los cerros tienen cicatrices, esas como las de mi brazo. Había olvidado lo que era que mi papá me compre algo, o sus bromas pesadas, sus conversaciones que parecieran ser para él mismo; susurrante es mi padre. Y pensar, en ese velo blanco que a la distancia se hace cada vez más espeso y los cerros parecieran fundirse con el cielo.
Había olvidado las flores que crecen a los costados del camino. Había olvidado que entre puente alto y mi casa, es como ir de mi casa a Curicó.
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