Tenemos cinco sentidos
y uno extra que nos lleva a
otros cielos.. -estoy aquí-
cielos profundos.
Somos cinco sentidos
y tenemos uno extra, que
sale cuando cerramos los ojos.
Tres, dos, uno;
somos cinco -sigo aquí-.
martes, 10 de abril de 2012
domingo, 18 de marzo de 2012
El último.
Desnudo, con las rodillas en la cara veo ventiladores de techo girar y formar engranajes, se cruzan, se tocan y sus aspas no se revientan al tacto. Quemo tabaco, quemo cigarrillos baratos con una cantidad excesiva de alquitrán en mis pulmones. Cierro los ojos y la estática de mi cuerpo zumba en mis oídos. Quemo dos, tres, cuatro; la cajetilla blanda de veinte entera. Es la última digo, ¡qué manera de mentirme a mi mismo!.
Miro, las caras iguales en el metro, viaje matutino de cuerpos, carnes tocándose, rozándose cubiertas de moral y religión. Mi mochila va pesada y la espalda me duele, me duele el pecho de tanto consumirme, me duelen los ojos de mirarme las manos que tocan, tocan y rompen todo, destruyen.
Las luces del túnel del metro son tan aburridas para un marinero de barco encallado. La marea violenta me zumba en los oídos y tengo tierra en la boca y entre los dedos de los pies.
Vienen seguidas las luces, las formas que imagino, las burbujas que suben en un vaso de cerveza, las flores de las blusas de mi mamá que compra en la americana. Y mis rodillas huesudas, las mariposas que ahora no vuelan y no tienen alas.
Cierro los ojos y veo ventiladores de techo girar, formar engranajes y no se mutilan. Esta es la última me digo ¿cuántas veces me habré dicho lo mismo? ¿Cuántas veces mi mamá me habrá retado por caminar con calcetines? Nunca hago caso de las cosas que digo o me dicen. Nunca toco la masa de cuerpos del metro llena de deseos romanos, de festines, orgías y vomitorios. Es la última y es el último cigarrillo antes de la muerte repentina de noche y sueños que al otro día le busco y encuentro sentido freudiano, sentido autocomplaciente.
Es el último, digo, cuando en verdad la cajetilla ya está vacía. Es el último cuando me bajo del metro. Es el último.
Miro, las caras iguales en el metro, viaje matutino de cuerpos, carnes tocándose, rozándose cubiertas de moral y religión. Mi mochila va pesada y la espalda me duele, me duele el pecho de tanto consumirme, me duelen los ojos de mirarme las manos que tocan, tocan y rompen todo, destruyen.
Las luces del túnel del metro son tan aburridas para un marinero de barco encallado. La marea violenta me zumba en los oídos y tengo tierra en la boca y entre los dedos de los pies.
Vienen seguidas las luces, las formas que imagino, las burbujas que suben en un vaso de cerveza, las flores de las blusas de mi mamá que compra en la americana. Y mis rodillas huesudas, las mariposas que ahora no vuelan y no tienen alas.
Cierro los ojos y veo ventiladores de techo girar, formar engranajes y no se mutilan. Esta es la última me digo ¿cuántas veces me habré dicho lo mismo? ¿Cuántas veces mi mamá me habrá retado por caminar con calcetines? Nunca hago caso de las cosas que digo o me dicen. Nunca toco la masa de cuerpos del metro llena de deseos romanos, de festines, orgías y vomitorios. Es la última y es el último cigarrillo antes de la muerte repentina de noche y sueños que al otro día le busco y encuentro sentido freudiano, sentido autocomplaciente.
Es el último, digo, cuando en verdad la cajetilla ya está vacía. Es el último cuando me bajo del metro. Es el último.
sábado, 4 de febrero de 2012
Entre ayer y hoy.
Nos encontramos dentro de las venas que tengo en los brazos y se asoman curiosas la mayoría del tiempo. Nos encontramos en un sillón, mirando la estática en el televisor y mirándonos las manos sudorosas, hace calor, un calor de mierda. Nos encontramos en mi pieza y desde el comedor un murmullo como de debajo del agua se cola por las rendijas de la puerta y me pongo audífonos -all is full of love, never mind i'll find someone like you, jamás he dejado de ser tuyo, como yo te amo-
en acto de egoísmo y enajenación de la vida familiar; porque últimamente mi mamá me saca de quicio casi todos los días, su nido se está quedando vacío.
Pienso, nos encontramos en la carretera a un costado de un pueblo, nublado, pozas, zapatillas de astronauta, cámaras, el cumpleaños de tu abuelo. Decíamos tanto en papeles, gestos, viajes. Pienso, nos encontramos en mi pieza, tú durmiendo en un colchón al lado del mío y en acto de rebeldía y estupidez adolescente me acostaba contigo y terminábamos haciéndolo. Pienso y me duele la cabeza. Había olvidado lo mucho que me gusta mirar los cerros, y comparar el sotavento con el barlovento, mirar el río abajo, las rocas que en cualquier momento caen a la carretera. Las aves que en la ciudad no hay, las personas que en la ciudad no hay y el verde que en la ciudad no hay. Había olvidado que los cerros tienen cicatrices, esas como las de mi brazo. Había olvidado lo que era que mi papá me compre algo, o sus bromas pesadas, sus conversaciones que parecieran ser para él mismo; susurrante es mi padre. Y pensar, en ese velo blanco que a la distancia se hace cada vez más espeso y los cerros parecieran fundirse con el cielo.
Había olvidado las flores que crecen a los costados del camino. Había olvidado que entre puente alto y mi casa, es como ir de mi casa a Curicó.
viernes, 3 de febrero de 2012
Es difícil.
Es difícil así, como que los pies se me pegan al cemento y me cuesta avanzar. No... no sé si pueda. No sé si quiera seguir avanzando. Es difícil.
sábado, 7 de enero de 2012
Adiós.
Me voy de viaje. Donde dar paseos no me recuerden el tacto del aire de este lugar. Me voy.
Desaparezco. Me voy.
viernes, 23 de diciembre de 2011
Bolsas de té.
Las bolsas de té que pegué en el techo cuando la mariposa se cayó, se caen ahora también. Ellas marcaron el inicio de lo nuevo y supongo que, ahora marcan la maduración de lo nuevo. Colgué cuatro y ya quedan dos, se caen solas, como si me quisieran decir algo. Como si me quisieran decir que vas a saltar. Como si me quisieran decir que me estoy recuperando. Como si me quisieran decir que desde los quince que te conozco. Como si me quisieran decir sobre mirar al planeta Venus a través de un telescopio en la Plaza de Armas; yo emocionado por ver al gemelo de la tierra y tú pensando que no es gran cosa. Como si me quisieran decir sobre las hojas secas de un invierno cálido, un avión de papel lanzado a un par de metros de distancia de mi que no llegó a mis manos, un hoja blanca que se rayó con palabras que no nos atrevimos a pronunciar. Como si me quisieran decir sobre la congruencia de nuestros cuerpos en el sillón negro del living de mi casa el dieciocho de Julio y tu rechazo a las etiquetas. Como si me quisieran decir un poco sobre los viajes, un poco sobre las flores amarillas detrás de los trenes abandonados en la estación destruida de Curicó. Como si me quisieran que se está acabando. Como si me quisieran decir que hoy, las ganas de verte aumentan. Como si me quisieran decir sobre ver el nacimiento de la luna, emanándose de detrás de la cordillera; que desde tu casa se ve enorme y pienso que en cualquier momento nos va a aplastar. Como si me quisieran decir que estamos unidos, por algo, por no sé qué; pero así estamos. Como si me quisieran decir que la nebulosa en la que estoy al fin se está disipando, y veo más claro, me veo las manos y veo lo que hay en ellas, también lo que no hay. Como si me quisieran decir que tengo todo, pero me sobran cosas y me faltas tú para sentirme completo. Como si me quisieran decir sobre las películas, sobre que nuestra vida es como una película, tenemos nuestro soundtrack; cada canción que escucho es inevitable que me traiga un recuerdo contigo, un recuerdo que saboreo y lo vomito para repetirme el manjar y desearte. Como si me quisieran decir sobre lo que construimos y que destruí. Como si me quisieran refregar en la cara que te necesito, que puedo vivir sin ti, pero te necesito. Como si me quisieran decir que es estúpido querer olvidarte.
Salta valiente. Pero no te vayas.
sábado, 17 de diciembre de 2011
Hace casi un mes fue la última vez que te tuve en mis pulmones y tus rulos quedaron grabados en la parte de atrás de mi cabeza, y las cosas ahí están, a mi espalda y preferí cegarme a lo que pueda pasar medio segundo después de cada inhalación y exhalación. Tenemos o teníamos tantas cosas en común: ritos, música, formas de familia, formas de vernos. Teníamos una isla para los dos solos, con chalecos con motivos invernales y una carpa compuesta de sábanas blancas, palos de escoba y luces navideñas para no estar tan oscuros. Teníamos una lista de cosas que hacer, de lugares a donde ir, de música que escuchar y películas que ver. Teníamos tantas cosas, tenemos tantas cosas aún. Pero primero yo te bombardeé y destruí nuestra isla, nuestro chaleco y nuestra carpa; luego tú me bombardeaste y destruiste nuestras listas y nuestras cosas en común.
Como que te abdujeron los extraterrestres y te cambiaron el cerebro y el sentir. Como que me atropellaste con un tractor y quedé desmembrado y disperso en todas partes. Como que no sé quién eres ahora y como que no quiero saber quién eres.
Hace casi un mes que te tengo en el recuerdo y me llegas por goteo. Miedo a toparme contigo en los pasillos de la universidad, en un momento inesperado en el que ambos coincidimos con ir a comprar algo que nos faltaba, o ir a tomar agua, o simplemente salir a caminar por los pasillos mientras fumamos un cigarro y no saber cómo saludarte. No saber si está bien demostrarte que estoy bien, no saber si la indiferencia pueda ayudar o no saber si agarrarte de los hombros golpearte y luego besarte. Que por fin los malos ratos queden olvidados y se queden ahí, llenándose de polvo y arañas, que la luz del sol no los toque jamás para que mueran de una vez.
No sé qué hacer. No sé qué esperar de ti, así que decidí no esperar nada. Así después no duele tanto lo que pueda pasar o la alegría se intensifica. Tengo tanto de ti aún, el cuadro que pintaste sigue colgado en mi pared y es muy grande como para descolgarlo con facilidad, o simplemente no quiero descolgarlo. Dicotomías, éso siento: quererte - no quererte, verte - no verte, extrañarte - no extrañarte, olvidarte - no olvidarte. A veces es más grande el querer, otras el no querer, cuando me acuerdo del daño que me has hecho, de lo cinco veces más feo que has hecho últimamente, cuando me acuerdo de que prácticamente ahora me estás botando a la basura y todo lo que alguna vez hablamos y nos prometimos queda ahí, en ese recuerdo.
Jamás pensé que iba a llegar a este punto, de compartirme tanto con alguien que me iba a olvidar de mi. Jamás pensé que iba amar tanto a alguien que iba a dejar de amarme a mi. Jamás pensé que preferiría mandar a mi familia a la mierda por la persona que pensaba iba a pasar el resto de mi vida. Y éso no lo viste, solo viste tus sacrificios del inicio de nuestra historia; no viste los míos, no viste las veces que me iba a tu casa, con mil trabajos en el hombro, con mi madre retándome y que no me importara. Me tocaba a mi sacrificarm
e un poco y no lo viste. Hiciste vista gorda. Pero realmente éso ahora no importa, para mí está en el pasado, con el niño de lentes y pelo desordenado que me gustaba mirar y decirle que era bonito. Eres bonito.
Jamás pensé que serías como mi siamés. Jamás pensé que íbamos a formar algo tan bello, que se fue a la mierda por cosas rancias y sucias. No quiero estar más sucio. No quiero que estés más sucio. No quiero que estemos más sucios. No quiero dañarte más, ni quiero que me dañes más. ¿Por qué no simplemente actúas y comienzas a hacerme bien? ¿Por qué no simplemente agarramos unas maletas y nos vamos a un bosque a escuchar el mar de las hojas de los árboles y a los pajaritos cantar?
Hace casi un mes me lanzaste un misil y me hiciste estallar. Hace casi un mes que quise olvidarte, pero me cuesta tanto. Te amo, y creo que es difícil que pueda dejar de hacerlo. Contigo me nace.
Más de una vez, me han dado ganas de llamarte y putearte por todo lo que has hecho, por lo poco que has hecho, por lo mierda que has sido conmigo; más de una vez quise ir a tu casa, con cualquier pretexto, ya que sobran, pero tenía miedo de toparme con alguna escena que terminara por destruirme y querer definitivamente borrarte. Hacerme una lobotomía, así cuando te volviera a ver, no sabría quién eres.
Pero no puedo. No me resulta intentar conocer a alguien. No me resulta.
Aunque no quiera, inconscientemente te espero para cuando quieras volver a sentarte a mi lado y me vayas contando las cosas que te gustan, lo que quieres hacer y si quieres continuar conmigo, hacia esa eternidad que nos prometimos en el terminal de buses, antes de que te fueras al sur. Hasta que seamos lluvia.
Te amo.
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